Crónica de una lesión anunciada

Mientras voy corriendo, mi mente vuela por muchos lugares. A veces estoy pensando en un truco de magia, a veces estoy tratando de recordar la letra de una canción. Otras ocasiones trato de emular o hasta tararear algún ritmo musical que me gustaría reproducir en mi batería, o en un ritmo electrónico.
También trato de poner atención a mi entorno, pues como últimamente estamos corriendo en la calle, en la carretera, en el parque; estamos expuestos a la inseguridad actual que se vive en todos lados. Así que pienso en la gente que nos ve correr, imaginando cuál será su siguiente acción. ¿Se nos quedará viendo o se levantará y se irá? ¿Se acercará a nosotros? ¿Por qué me sigue…? Y más pensamientos habituales en mi paranoia.

Y también he practicado un poco el poner atención en lo que siento físicamente al correr. Trato de identificar qué músculos están trabajando, el trauma que reciben los huesos, la sangre fluyendo por venas y arterias… y a veces me clavo tanto en ese pensamiento que mi cerebro elabora una especie de documental de Discovery Channel, con acercamientos y tomas en cámara lenta del estiramiento de ligamentos y músculos, una toma de 360° del golpeteo que se produce en las plantas de los pies al dar cada paso, un acercamiento a las microfracturas que se producen con el trauma y que harán a los huesos más fuertes posteriormente.

Hace unas semanas me lastimé el tendón de Aquiles, ese que Dr. Google me dice que une el hueso del talón con los músculos de la pantorrilla y con la tibia. En mi obsesión deportiva, me es muy difícil ser detenido por completo por una lesión, así que “descansé” por 7 días y volví a correr. La molestia no se iba, pero era menor. Y llegó un día que desapareció.
Yo estaba muy contento, pues podría por fin retomar el ritmo de entrenamiento (o eso creía yo…) de mis 16 semanas para correr maratón. Ya vamos en la semana 11 y al terminar, recomenzaremos con la semana 1 en Mayo 2017 para después de otras 16 semanas, correr el maratón CDMX a finales de Agosto 2017.

Y en mi mente:

“…voy en el kilómetro 6, ya sólo me falta la mitad y habré terminado por hoy. Estoy sintiendo un poco de molestia en el tendón… Seguramente necesito disminuir un poco el ritmo para evitar lastimarme, o tal vez falta que se caliente un poco más.”
“…me acaba de dar una punzada, no es buena señal. ¿Me detengo? NO! Debo terminar estos 12 km.”
“…¡fuck! algo me tronó… 🙁 no puedo caminar. ¡Auch! ¡Duele!”

Y ahí se terminó mi entrenamiento por ese día.

Me asusté bastante porque… después de que Dr. Google me dijera que si forzaba el tendón, se rompería y no podría volver a correr en 6 meses o algo así. Entonces mi cabeza se enfocó en el dolor y en el miedo.
Casi no dormí de la preocupación, así que decidí (¡por fin!) acudir con un especialista.
El cirujano ortopedista y traumatólogo (que me operó ambas rodillas y quien también es maratonista) me confirmó una ruptura en el tendón, aunque no tan grave como yo la imaginé. A su parecer sólo fue una fisura que necesita reposo y cicatrización, así que en sus palabras: Estaré corriendo muy pronto.
Me ayudó al proporcionarme Proloterapia, aún llamada medicina alternativa de la que no tengo tanta información, pero de la que pueden leer aquí:

Y me dijo que tal vez en menos de 1 mes estaré al 100% en mi entrenamiento. Pero… eso no quita la frustración que siento al no poder correr, no poder caminar bien o apoyar y flexionar por completo la planta del pie… pues aún siento pequeños tirones en la parte baja de la pantorrilla.

En mi vida deportiva nunca he aprendido a ser paciente. Mis aptitudes físicas no son propias de los deportes que practicaba. Soy muy bajo de estatura para el básquetbol y aún así logré llegar a ser capitán de los equipos y selecciones de los que fui parte, pero sólo porque me esforzaba al máximo y me ganaba ese lugar. Y al tener una lesión que me pondría fuera de circulación durante los partidos importantes después de haberme matado por un lugar en el equipo, el reposo no era opción.

Cuando entrené atletismo, tuve oportunidad de tener consultas de Psicología Deportiva, y eso me ayudaba mucho en mi desempeño. Trato de recordar todo lo que aprendí hace más de 10 años para aplicarlo a mi vida actual, pero no puedo evitar sentirme frustrado de no sanar tan rápido como antes, de no desarrollar mi cuerpo al ritmo que lo hacía de adolescente, y de rehusarme a aceptar que mi cuerpo vaya ahora en la bajada de la decadencia adulta.

A veces me siento triste, pero trato de no desanimarme pues lo único que quiero es tener la habilidad de ser como cuando era niño… libre.

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